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A Nombre: Rumbo Propio
LIBERALISMO EN SU HORA MENGUADA
10 preguntas y 10 respuestas
Entrevista con ALBERTO MANSUETI,
-- VicePresidente de RUMBO PROPIO para el Zulia, Venezuela
-- Presidente de CONFERENCIA LIBERAL HISPANOAMERICANA (CLH)
Para la revista española “CÁDIZ”
Preguntas: Arturo Mengual
Abril de 2006
1.- Usted critica que a veces los liberales tomen “atajos” que en realidad son falsos atajos, como la
dolarización forzosa, lo cual es antiliberal ciertamente. Pero, ¿es malo criticar el reformismo sempiterno
que al final no nos conduce a reducir la omnipresencia estatal?
-- Pero vamos a ver, en primer lugar, ¿quiénes son “los liberales”? Hay que comenzar por deslindar. No lo son más que de nombre los “liberales” tipo socialdemócrata, al estilo de Suecia o EEUU. Pero tampoco los anarquistas, anarcoides y anarcófilos, pese a las confusiones de muchos discípulos de Rothbard.
Vamos a entendernos: “liberalismo” es el Clásico, el de Mises y Hayek. No hay otro. Lenin escribió en 1913
que marxismo es Economía clásica inglesa, Filosofía (idealista) alemana, y socialismo (político) francés.
Muy cierto: eso es el marxismo. Análogamente, el liberalismo es Economía austriana, Filosofía realista, y
Escuela (jurídica) del Derecho Natural. Y en esos parámetros difícilmente entran corrientes como la
Escuela de Chicago. (Digo austriano, no “austríaco” porque se confunde con la política en Austria.)
-- En segundo lugar: “reformismo”. ¿Qué reformas? Los atajos no reducen la omnipresencia estatal. Las
reformas graduales tampoco. Esas “reformas de mercado” que los economistas “neo” liberales de Chicago
nos impusieron desde los ’90 -supuestamente de varias “generaciones”-, tienen muy poco o nada de libre
mercado, de completa apertura a la competencia irrestricta, doméstica y global. Por lo tanto no es extraño
comprobar que tales “reformas” NO reducen la ineficiencia, la pobreza y la miseria, la corrupción, la
opresiva autoridad del funcionario, la ausencia de seguridad y justicia, o cualquier otra de las
consecuencias y manifestaciones del estatismo, el cáncer de nuestra sociedad.
La salida es la desestatización. Gobiernos limitados, mercados libres, e instituciones privadas separadas
del Estado. Eso es. Pero los liberales -reputados o sedicentes- ¿proponen la desestatización? En su mayor
parte escriben artículos y ensayos (en Internet o la prensa) críticos y ácidos contra el socialismo y el
mercantilismo, y el estatismo en general, y el colectivismo. Muy bien, pero, ¿le describen a la gente
corriente y moliente, en palabras más o menos entendibles, cuál es la salida, y cómo se hace para llegar?
No. Casi todos adscriben a la Escuela de Chicago, y defienden ciertas “reformas” estatistas con argumentos “técnicos”, o con la falacia de que hay otras que son todavía mucho peores, o “peor es nada”. Es lo que llamo “malmenorismo” y “peoresnadismo”.
La opinión pública está mal orientada por guías ciegos, y no comprende la naturaleza ni la causa del mal,
mucho menos el remedio. No hay todavía partidos que hagan pedagogía política, mostrar a la gente el
remedio, la salida: las auténticas reformas de libre mercado: la privatización popular, la desregulación
completa -con desmonopolización- y la puesta del Estado en su lugar, en sus tres funciones propias:
seguridad, justicia y obras genuinamente públicas. Para ayudar a fundar esos partidos nace precisamente
la Conferencia Liberal Hispanoamericana CLH. Porque hoy en día, aparte los partidos socialistas -de la
Nueva Izquierda o de la Vieja-, sólo hay partidos vagamente conservadores, identificados con la Vieja
Derecha mercantilista. Por eso a cada “generación” de reformas graduales, se sigue siempre la reacción:
una tremenda oleada roja, en las siguientes elecciones, una inundación de votos de izquierda, ahora de la
Nueva Izquierda, con Chávez, Kirchner, Evo, Tabaré, Ollanta, AMLO o el que sea.
-- Pero, por último y tercer lugar -y esto es lo que yo critico- ¿quiénes tienen la culpa de esa ausencia,
sino los mismos círculos liberales austrianos de escritores antipolíticos, que parecen haber hecho un voto
de castidad política? Con sus artículos y ensayos, pretenden convencer a los socialistas, demostrarles que
el socialismo es malo. Inútil. El socialismo no es malo para los socialistas, que viven muy bien con el
estatismo, con sus cátedras y asesorías, puestos y colocaciones, y sus columnas de prensa y programas
de opinión. Algunos son gerentes de empresas contratistas, subcontratistas o licenciatarias del Estado;
otros tienen sus propias empresas de consultoría, encuestas, publicidad o periodísticas. El estatismo es su
pingüe negocio. ¿Cómo van a “convertirse” al liberalismo?
Por eso yo digo desde hace años: no hay atajos. Hay salida. Que pasa por constituir un grupo político
liberal, de tipo ideológico, austriano, núcleo de un partido abanderado de la reforma constitucional, de
contenido liberal, para todo el país, en una Nueva Constitución, o para una región, en un Estatuto
autonomista. Sin embargo aquí tenemos otro problema: la falta de formación austriana y clásica de
muchos liberales profesionales o técnicos de clase media, que son anti partido o anti política, porque
lamentablemente han asimilado toda esa cháchara gramsciana de la “sociedad civil”, y todo el cuento de
la Posmodernidad, con un fuerte sesgo anti racional y partidofóbico, corriente a la cual se agrega la “Nueva Era”, con una fuerza tremenda, en igual sentido y dirección. Desafortunadamente este clima, este
ambiente, no es favorable a pensar claro, a encontrar la salida.
Para cambiar este clima fue que en Marzo de este año 2006, Rumbo Propio del Zulia, Venezuela, y el
Instituto de Libre Empresa (ILE) de Lima Perú, promovimos la 1ª. Conferencia Liberal Hispanoamericana.
La CLH es un organismo permanente ahora; yo soy su Director-Presidente, y José Luis Tapia (Presidente
del ILE) es su Director Ejecutivo y VicePresidente. Estamos en el proceso de integrar grupos, instituciones
y personalidades liberales de diferentes países, con una cierta visión compartida que se expresa en
nuestra “Declaración de Objetivos” de la CLH.
2.- ¿Hay actualmente hay una idolatría ilimitada al concepto democracia? ¿Puede conectarse realmente la democracia con los principios de libertad individual? Y si es así, ¿de qué modo?
Hoy tenemos demolatría, o sea la adoración religiosa de la democracia, y endiosamiento del pueblo, el “soberano”. Hay una forma de conciliar la democracia con las libertades individuales, pero una sola, y es mediante el concepto de democracia limitada, bajando al “pueblo” del altar en que se le ha subido.
“Democracia limitada” es lo que desde antiguo se conoce como forma mixta de gobierno. El Liberalismo clásico entronca con la Filosofía política aristotélica, realista: San Alberto Magno y Santo Tomás, asimismo Tocqueville por ej., o más modernamente, Bertrand de Jouvenel. En esta concepción la democracia es una de las tres formas extremas de gobierno: según el sólo principio popular. Hay otras dos: la monarquía, o gobierno según el principio de unidad de mando; y la aristocracia, o gobierno de los mejores -la minoría selecta-, según el principio de la calidad del liderazgo. Las formas extremas, puras o ilimitadas, tienden a degenerar en sus correspondientes formas viciosas: tiranía, oligarquía y demagogia. Estas tres formas degeneradas se caracterizan respectivamente como la opresión de un déspota en la tiranía; de un grupo cerrado, inconciente, insensible y autista, en la oligarquía; y en la demagogia, de un populacho ensoberbecido e ignorante, enceguecido y fanático tras la figura de un caudillo “carismático”.
Sólo la democracia limitada es compatible con el libre mercado. La forma mixta de gobierno combina los tres principios: la unidad de mando, en un Jefe de Estado -coronado o no-; la calidad del liderazgo, en un Tribunal Constitucional, y en un Senado, escogidos sus miembros por los méritos de sus servicios, conforme a sus antecedentes; y el principio popular, en una Cámara Baja, de elección por sufragio universal, activo y pasivo. De esta manera se evitan los abusos de un dictador, de una elite o de una plebe, excesos que son propios de las formas extremas.
La división convencional de los tres poderes -Legislativo, Ejecutivo y Judicial-, trae en ciertos autores de
Derecho Político y Constitucional algunos ecos o resonancias de la forma mixta de gobierno. Pero conviene
no confundir. Aquí en el Zulia estamos redactando con constitucionalistas liberales -nacionales y
extranjeros-, un Estatuto que consagra la forma mixta en cuatro poderes: un Presidente del Estado; un
Tribunal Constitucional; un Senado escogido por los contribuyentes e integrado por los grandes
contribuyentes, mayores de cierta edad -como Hayek quería-; y una Cámara Baja, de elección popular (al
igual que el Presidente.)
3.- Ayn Rand hablaba del concepto de "Gobierno Limitado", ¿pero esto no es una utopía como señalada
Rothbard? Recordemos que el gran randiano Tanehill llegó a esta conclusión con "Market for Liberty"
Quiero aclarar que soy entusiasta lector de Ayn Rand -más de su obra filosófica que de sus novelas-, y de
sus discípulos Peikoff, Binswanger, Kelley. Me considero objetivista, aunque no randista. Y soy cristiano.
¡Y claro que el Gobierno limitado es una utopía si la democracia es ilimitada! ¡Por supuesto! Porque con la
fuerza del voto universal, la mayoría ociosa somete y esclaviza por el fraude y/o la violencia a la minoría
industriosa, transformando al Estado en una maquinaria redistribuidora de ingresos y riqueza mediante
impuestos progresivos y programas “sociales”. ¡Eso es welfarismo! A lo cual muchos empresarios
reaccionan con el welfarismo corporativo: a los manotazos para cogerse su pedazo de torta, mediante eso
que llaman “lobbismo” mis colegas politólogos.
Para tener Gobierno limitado, deben aceptarse algunas verdades quizá no muy agradables sobre la democracia:
-- Que el pueblo no es Dios, ni su voz es la de Dios. La Biblia es muy clara, dice que el único soberano es
Dios; y que la voz de Dios no es la del pueblo sino la de Sus profetas, los enviados del Altísimo. Y cuenta
además que el pueblo en su mayoría casi siempre a los santos profetas les manda a callar y les escarniza
(se burla de ellos), y les hostiliza e insulta, les apedrea, condena y asesina. Lamentablemente los círculos
liberales desconocen la Biblia -algunos la desprecian- e ignoran sus métodos expositivos y didácticos, y por
supuesto su contenido.
La Biblia es un libro para gente común y ordinaria -tenderos, fontaneros, agricultores, obreros industriales,
amas de casa-, no para profesores e “intelectualoides”. Aunque su lenguaje y contexto no es actual, y por
eso requiere buena explicación. La parte de la Biblia referida al gobierno civil y a la política, que es muy
amplia, y 100 % liberal, es también muy ignorada en las Iglesias cristianas, o mal interpretada. Sin
embargo cualquier creyente que lea bien su Biblia, no puede ser sino liberal en política; es decir, partidario
del Gobierno limitado.
-- Que el poder debe dividirse, incluso cuando procede del pueblo. Ya que estamos con la Biblia,
mencionemos la doctrina bíblica de la separación de poderes, civil y eclesiástico. Y el poder militar, sujeto
a la autoridad civil; y el civil, separado de los negocios comerciales y las empresas. Eso es la Biblia, en su
enseñanza política. “Clericalismo” es la intromisión del clero en asuntos políticos y de gobierno; y la
doctrina contraria -anticlerical- es rigurosamente bíblica.
-- Que la democracia no es un fin en sí mismo, es sólo un medio, para reemplazar a los gobernantes de modo incruento -Popper dixit-, y para escogerlos sensatos, pacíficos y honestos; fines los cuales no siempre la democracia logra alcanzar.
-- Que la democracia no puede ser ilimitada, y debe moderarse mediante su combinación con las otras dos
formas de gobierno.
Sólo así el Gobierno limitado podrá ser realidad. Siempre y cuando haya partidos políticos bien
estructurados para impulsarlo y sostenerlo. Partidos numerosos, donde convivan las grandes mayorías con
las minorías selectas, en un ambiente de comprensión y diálogo; y donde creyentes y no creyentes
aprendamos también a convivir todos con respeto y en paz. Este es uno de los objetivos de la CLH, quizá
el principal.
4.- ¿Considera acertada la postura de Hoppe que según la cual no se debe permitir la entrada libre de inmigrantes y que tantas críticas ha motivado en algunos círculos liberales?
También soy entusiasta lector de Hoppe, y seguidor de sus atrevidas tesis y proposiciones -sobre todo las
relativas a la democracia-, mas no la de prohibir el Gobierno a la gente el ingreso a un país; eso no es
liberal, para nada. Aunque desde luego tampoco es liberal el welfarismo, que sin embargo atrae a una
clase muy numerosa de personas, inmigrantes. Pero la solución no es prohibirle a toda esa gente la
entrada -tampoco cobrarles la entrada, como proponen los de Chicago, siempre tan cerca del estatismo y
tan lejos del Liberalismo clásico-, sino prohibir los “almuerzos gratis”, el welfarismo.
5.- Usted se define autonomista pero no independentista. Siendo sus principios de raíz individualista, ¿qué diferencia real considera que hay entre ambos conceptos?
No es lo mismo. Rumbo Propio quiere autonomía para el Zulia, mediante un Estatuto que le permita
funcionar como sociedad capitalista, sin separarle de Venezuela. Independencia es separación o secesión.
En cambio, autonomía es autogobierno bajo normas propias, proponemos que las normas típicas del
sistema de libre mercado.
El Proyecto Estatuto del Zulia es redactado por una comisión multidisciplinaria de liberales de diferentes
naciones hispanoamericanas y EEUU. Tiene una Primera Parte que se titula “Considerandos y
fundamentos”.
El Art. 1. declara que el Zulia es país, pueblo, nación y patria. Y considera lo siguiente:
“País es una cierta y determinada zona o región geográfica; nación es el pueblo constituido por todas las
personas nacidas en un mismo país y las familias por ellas establecidas; y patria es la nación de sus
padres. Entonces el Zulia es país, pueblo, nación y patria, inseparablemente unida e integrada a
Venezuela.”
El Art. 2. dice que el Zulia es un Estado. Y considera que “Estado es una nación conviviendo bajo un orden
jurídico, y contribuyendo con sus impuestos al cumplimiento de funciones estatales en un sistema de
autoridad y controles. Entonces el Zulia es un Estado dentro de Venezuela.”
Permítanme citar ahora el Art. 3 -el más importante de esta Primera Parte-, titulado “Autodeterminación y Sistemas sociales y de Gobierno”. Este artículo dice textualmente: “Considerando que según el principio de Autodeterminación de los Pueblos, éstos son libres para escoger y adoptar el sistema social y de Gobierno de su preferencia -libertad ésta llamada Soberanía-; y considerando además que el respeto a la realidad es la mejor filosofía, y siendo por evidencia objetiva y razón suficiente la Libre Empresa el mejor Sistema de Gobierno, Economía y convivencia social, y el que más conviene al progreso, bienestar y libertad de los pueblos en justicia, orden, paz y armonía, entonces el pueblo del Zulia soberanamente escoge el Sistema de Libre Empresa como propio, y adopta sus principios y normas como suyos.”
Estos términos son suficientemente claros, ¿no?
6.- Critica el sectarismo de algunos liberales, pero ¿es sectario criticar las alianzas que muchos liberales
mantienen con los conservadores?
¿Qué clase de conservadores? Por una parte los mercantilistas de la Vieja Derecha, y todas las izquierdas -
Vieja y Nueva-, quieren conservar los aranceles y barreras “proteccionistas”, porque son conservadores en
lo económico. Eso es malo, muy malo. Pero a los empresarios amenazados por la competencia externa,
los liberales clásicos no les ofrecemos “proteccionismo” sino desestatización, con la consiguiente reducción
en los impuestos, costos y sobrecostos, lo cual les permitiría competir con éxito, en óptimas condiciones y
sin temores. Por eso nosotros no defendemos el TLC -como los “neo” liberales-, sino la desestatización.
Por otra parte muchos conservadores latinoamericanos de antes -de los años ’30 y ’40-, eran conservadores en lo político, porque preconizaban un Gobierno limitado, y eso es precisamente liberalismo económico. Eso es bueno, muy bueno. Por fin, los conservadoras en lo moral queremos mantener vigentes ciertas pautas éticas. Y eso es mejor todavía, pues entre esas pautas éticas vale colocar también el principio de Gobierno limitado, pues el Gobierno sin límites nos luce tan inmoral como el sexo sin límites.
Rumbo Propio es un movimiento de lo que llamamos la Nueva Derecha: liberal en lo económico,
conservador en lo político, y cristiano en sus principios. Y eso es muy coherente. ¿A qué refiere “liberal en
lo económico”? A los escritos económicos de Mises y Hayek principalmente. ¿Y “conservador en lo
político”? A los escritos políticos de Mises y Hayek, sobre todo al Mises de “Gobierno Omnipotente” y su “Autobiografía”, y al último Hayek. Muchos “libertarios” discípulos de Rothbard olvidan estos textos
políticos de la Escuela austriana de Economía, que son fundamentales, y básicamente conservadores en lo
político.
¿A qué refiere “cristiano en sus principios”? ¿A principios religiosos o teológicos? No, nada de eso. Refiere
a principios como el de Gobierno limitado y libertad personal; el de actividades productivas y economía
separada del Estado; y al principio de separación de Iglesia y Estado, y al más general de esferas privadas
libres de la intromisión de las autoridades civiles o políticas. Y a todos los principios concomitantes con
ellos, como por ej. los principios de igualdad ante la ley, independencia judicial y debido proceso.
Ahora bien, revisemos la Historia de Europa y de Occidente. ¿De dónde vienen todos esos principios, que
antes el mundo llamaba “whigs”, y desde la Constitución de Cádiz de 1820 llamó “liberales”? ¿Vienen de
Grecia y Roma? ¿Con su desprecio filosófico por el trabajo, especialmente el trabajo manual y el comercio?
¿Con la esclavitud? ¿Con el poder de vida y muerte del padre sobre los hijos, y el poder omnímodo del
marido sobre la esposa, típicos del Derecho Romano quiritario, anterior a su cristianización por Justiniano?
No; esos principios occidentales provienen del cristianismo.
7.- Se muestra reacio a una confianza absoluta en la sociedad civil y cree necesario canalizar cierta acción a través de un partido político. Entonces, ustedes proponen un buen y gran partido político, precisamente lo que estamos cansados de escuchar los liberales y libertarios. ¿Esta preparada la sociedad zuliana para tener un proyecto tal envergadura como el que promulgáis, ya que sólo conocen gobiernos contrarios a la Libertad?
Trabajé yo muchos años en la industria de las encuestas. Y descubrí algo: que la gente común es de
derechas, si bien de una manera instintiva, iletrada e inconciente. Porque en su mayoría es gente de
propiedad privada, de familia, y de libertad de trabajo y movimientos, y de libre contratación, y hasta de
libre pensamiento (en un sentido silvestre). En cambio los profesionales, intelectuales y políticos tienden a
la izquierda, mas no así el resto de la sociedad.
Pero entonces ¿qué pasa con “el resto de la sociedad”? ¿Por qué no se expresa? Es que no se expresa, en
primer lugar porque está muy ocupada trabajando, estudiando una profesión, cocinando o lavando ropa,
haciendose cortar el pelo (o cortandolo a otras personas), tejiendo negocios, viviendo su vida privada
familiar (o de Iglesia); o simplemente ganandose la vida, algo cada vez más difícil por cierto. Y no está
atendiendo a lo que dicen los entrevistados en los programas de opinión de la radio o la TV, ni leyendo
esos sesudos artículos y editoriales de la prensa (ni mucho menos escribiendolos, claro está.) Es la“mayoría silenciosa”, para emplear una expresión nixoniana. Y no se expresa, en segundo lugar, porque
no tiene un partido que la exprese.
¿Sabe qué es Rumbo Propio? Es el partido para expresarla, a toda esa gente. Al menos, eso queremos.
Para toda esa gente corriente zuliana, el Estatuto del Zulia que proyectamos, traza un nuevo límite entre las esferas pública y privada. Considera que “toda carta Constitucional es un Tratado de límites entre la Sociedad de un país y su Estado, vale decir, de separación entre las esferas privada y pública.” Y en su art. 7 de la Primera Parte el Estatuto traza esos límites en lo político, en lo económico y social, de la siguiente manera:
-- En el orden político, dice que sólo los Poderes del Estado, y el Gobierno, así como la Oposición al mismo, corresponden a la esfera pública; y el resto de la realidad política pertenece a la esfera privada de la política: los partidos, y asociaciones, grupos y corrientes de opinión en tanto hacen vida política.
-- En el orden económico, establece que a la esfera pública de la economía corresponde sólo la Hacienda Pública: los gastos del Estado para cumplir sus funciones propias naturales, y los impuestos colectados para sostenerlas, así como los títulos de la deuda estatal; y todo lo demás -negocios, empresas, mercados, etc.- pertenece a la esfera privada de la vida económica, incluso la moneda.
-- Y dispone nuestro Estatuto que el orden espiritual, ético y cultural es en principio vedado a la acción del
Estado, y casi enteramente concerniente a la esfera privada, y libre de las interferencias de las
autoridades, salvo en los crímenes manifiestos y patentes. Explica que se trata aquí de las personas y sus
familias, su educación, vida física e intelectual, información, atención médica y cuidado moral, y
asociaciones relacionadas, entre otras, con las siguientes realidades privadas: deportes, ciencia y
tecnología, recreación, arte y cultura, religión. Y en este orden de la realidad social, de la esfera pública es
solamente lo relativo a la moralidad en la administración estatal, y la justicia en las decisiones de los
magistrados.
Por supuesto que si estos principios han de ser impulsados, explicados y adoptados por la sociedad, y
conservados luego de su adopción, debe haber un partido político identificado con ellos. ¿Cómo va a ser
de otra manera? De otro modo, ¿cómo tendremos Gobierno limitado? ¿cómo salimos del estatismo? Para
estas preguntas no tienen respuesta todos esos “libertarios” rothbardianos, y esos “randianos” que no han
leído de la Rand “Por qué no soy libertaria.” Tampoco han leído a Mises cuando escribe “Gobierno fuerte
pero limitado”. Para ellos hablar de “Gobierno liberal” es contradicción, como de “Gobierno limitado” y“partido liberal”. Esas expresiones no son contradictorias sino paradójicas. No captan la diferencia entre
una contradicción y una paradoja, por eso están en problemas: no ven la salida. (Una paradoja es una
contradicción sólo aparente.)
8.- Ya que participa su formación del proceso político o al menos así lo desea, ¿con qué referente de la política del último siglo se quedaría para el liberalismo y por qué?
Mises escribió que para 1920 ya no quedaban liberales en Alemania. Sin liberales no hay partidos liberales.
Y sin partidos liberales no hay gobiernos liberales. Tampoco hay países liberales.
Por eso el siglo XX sólo ha visto gobiernos estatistas y gobiernos más estatistas. E igual los países. Por eso
no valen referencias sino comparaciones. La RDA por ej. sin duda era más estatista que la RFA. Y Malasia
más que Singapur. China continental ha sido y es más estatista que Formosa o Hong Kong. Perú es más
estatista que Chile, Cuba que Venezuela, y probablemente Honduras más que El Salvador. Europa es más
estatista que EEUU. Pero sólo comparado con Europa resulta EEUU “liberal”. A esos “Índices de Libertad
Económica” hay que cambiarles el nombre, porque confunden. No hay en el mundo libertad económica
hoy en día; hay grados de opresión económica.
Y cuando hablamos de “referencia” tenemos que preguntar, comparado con qué? Tal vez la Historia sea
más de servicio que la Geografía. Pero siempre comparando. En el Antiguo Oriente por ej., comparar el
Israel del Libro de Jueces con los Imperios de esa misma región, en esa época, 1000 años AC. El Israel
bíblico era por entonces una nación libre bajo Dios, con mayor progreso y más riqueza que los pueblos
sometidos a los despotismos orientales, modelo que Marx llamaba “modo de producción asiático”, y
Wittfogel “imperios hidráulicos”. Y comparar al mismo pueblo de Israel, 500 años después, sometido al
estatismo -Libro de los Reyes-, y en franca decadencia.
Posteriormente, la nación judía es el más concluyente testimonio contra el estatismo y a favor del
liberalismo; y por ello precisamente ha sido y es objeto de los ataques más enconados y crueles de todos
los enemigos del liberalismo y amigos del estatismo. Porque ha sido y es la nación judía la más rica sobre
la tierra -al punto de ser casi sinónimos “rico” y “judío”-; y sin embargo SIN Estado, al menos desde el año
70 hasta el año 1948: el judaísmo de la Diáspora. Ahora bien, ¿tenían Gobierno las comunidades judías de
la Diáspora? Por supuesto, tenían sus Rabinos y tribunales rabínicos, y sus leyes mosaicas y el Talmud; es
decir: Gobierno limitado.
Y en la Edad Media, comparar la floreciente España de las tres culturas -las tres con la misma base bíblica
por entonces- con el resto de Europa, más atrasada en lo económico y en lo cultural. Y en la Edad
Moderna, comparar las naciones protestantes -Suiza, Holanda, Escocia- con los demás países europeos. Y
después, ya en el siglo XIX ¿comparamos Inglaterra con EEUU, con Canadá e Hispanoamérica?
9.- ¿Cuál es en realidad el modelo económico y social que imperó en Latinoamérica en los '90 y que algunos toman como epítome de las desventuras del liberalismo?
Al no haber partidos liberales, todas las reformas de los ’90 fueron promovidas por líderes surgidos de partidos populistas como el peronismo argentino, el PRI mexicano, o Acción Democrática en Venezuela.
Socialistas o bien social-mercantilistas. Por eso, más que “neo” liberales las reformas de los ’90 son neo mercantilistas.
El economista Néstor Suárez -Presidente de Rumbo Propio- explica muy bien el fracaso del “neo”
liberalismo. En los ’90 el Estado no redujo drásticamente sus funciones, al contrario. Este fue un error de concepto, el más grave. Quiso el Estado seguir como educador, médico y odontólogo, promotor deportivo,
científico y cultural, y ductor general de la sociedad. Y en lo económico, el Estado apenas aceptó cambiar en algunos casos su rol de propietario de empresas por el de gerente y director general. Como
consecuencia, no aceptó reducir sus competencias, poderes y prerrogativas, ni su tamaño. Ni la cuantía de
su personal, al que sólo asignó otras funciones, a veces más exigentes.
Tampoco redujo el Estado su gasto en los ‘90, ni cesó el endeudamiento público. Por ende, las privatizaciones fueron fiscalistas, para reunir fondos y capitalizar a los Gobiernos. El impuesto inflacionario fue parcialmente reemplazado por el IVA, y otros complementarios. Y los aranceles fueron sustituidos por los derechos antidumping. Como resultado, la presión tributaria subió exageradamente. Y mucho más la presión reglamentaria: las empresas privatizadas fueron sometidas a la dictadura de minuciosas reglamentaciones, y no a las exigencias de la dura y libre competencia. Los antiguos monopolios estatales pasaron a ser privados, pero sin dejar de ser monopolios. Y pronto el sistema de reglamentos y burocracias reglamentadoras se extendió desde el ámbito de las empresas privatizadas a toda la vida económica y a la vida nacional, sofocando las fuerzas del mercado. Los controles de precios fueron reemplazados por las leyes proconsumidor y “pro competencia”, y se introdujeron costosas leyes ambientalistas, y nuevas laborales, “de género”, de la niñez, discapacitados, etc.
En materia de relaciones económicas internacionales, en los ’90, el viejo modelo cepalista de sacrificar el Estado a todo sector exportador en pro de los productores para el mercado interno, se cambió por el opuesto: sacrificar el Estado a todo productor para el mercado interno, en pro de cualquier sector exportador ... Pero siempre el Estado dirigente. Cambiaron los objetivos de la planificación económica, pero esta permaneció. Cambiaron los sectores “protegidos”, pero el “proteccionismo” siguió en pie.
En resumen, concluye Suárez: los cambios fueron pocos y mal concebidos. Hubo beneficiarios, pero muy pocos. El resto siguió tan pobre como antes o más. Lo cual generó malestar y descontento en sectores masivos de la población. La Nueva Izquierda simplemente recoge ese malestar y descontento.
10.- Venezuela esta sumergida en un gran crisis política, social y económica producto del Chavismo y de los gobiernos de los partidos de la ahora Vieja Oposición – Socialdemócratas y social cristianos-. Resumidamente ¿Cuál es vuestra propuesto para salir de la crisis?
Gobiernos limitados, mercados libres, e instituciones privadas separadas del Estado. Esa es la meta.
¿Cómo llegamos? Por la salida: desestatización. No hay otra. ¿Y cómo se desestatiza? Derogando o decretando la inaplicación inmediata de todas las normas constitucionales y subconstitucionales que consagran el estatismo. ¿Y cuál es el camino, la vía hacia la salida, desde el estatismo de hoy? Reforma constitucional en las naciones, o Estatuto autonómico en las regiones. No hay otra.
En el Estatuto del Zulia, el art. 2 de la Parte Segunda o dispositiva dice: “Las normas y leyes de la República Bolivariana de Venezuela, así como los Decretos, Resoluciones y Decisiones de sus autoridades, se acatan plenamente en el Zulia, pero se cumplen y aplican sólo en sus disposiciones y encargos compatibles con las libertades y derechos enunciados y enumerados para los zulianos en este Estatuto.”
Este párrafo alude a los 11 Derechos, el “corpus” de un sistema de Gobierno liberal clásico.
-- Desestatización es desregular, primeramente. Acabar con los Reglamentos, con toda esa retahíla sin fin
de “leyes” del trabajo, de la educación, de la cultura, de la agricultura, de la salud, del transporte, del
comercio, del ambiente, de la mujer, del niño, de la radiodifusión, de la televisión, de bancos, de seguros,
de mercado de capitales, de esto, de lo otro … Todo eso que Hayek llamaba “legislación” por oposición a
“Ley”. Esas “leyes” son la encarnación concreta y empírica del estatismo, y la desestatización consiste en
derogarlas en el país, o en declararlas inaplicables en la región, como hace el Estatuto del Zulia. Para
volver a regirnos por las antiguas y más saludables normas de los viejos Códigos Civil, Comercial, Penal y
de Procedimientos, aplicables por los jueces ordinarios.
-- Y privatizaciones populares, en segundo lugar, distribuyendo acciones de las empresas estatales. Para que la gente cobre dividendos -si hay utilidades- y vote para los Directorios.
-- Y poner al Estado en su lugar, en tercer lugar. No hay otra salida. Pero tiene que haber un partido
político que la enseñe y la explique. Para eso es Rumbo Propio en el Zulia, Venezuela. Y la Conferencia
Liberal Hispanoamericana.