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SALIDA

El Camino a la verdadera Liberación

Diagnóstico y Propuesta de País

I
Primero el Diagnóstico. Se dice que “diagnósticos hay demasiados”; y es cierto. ¿Pero son diagnósticos verdaderos?

El diagnóstico verdadero sobre Venezuela comienza por preguntar cuáles son los sistemas socioeconómicos y políticos, y cuáles de entre ellos han imperado e imperan en el país. Y resulta que los sistemas socioeconómicos y políticos son los siguientes:

-- Capitalismo liberal, no practicado en Venezuela. Sus rasgos esenciales son tres: Gobierno limitado; mercados libres; e instituciones privadas separadas del Estado. No hay intervencionismo gubernamental: hay igualdad ante la ley. Por consiguiente no hay privilegios, para nadie. En consecuencia se produce riqueza, para todos.

¿Cuándo lo hubo en Venezuela? Nunca. Las garantías económicas de la Constitución de 1961 fueron de inmediato suspendidas indefinidamente, y sancionadas todas las leyes especiales, antiliberales. Sin embargo, la gran mayoría de los diagnósticos -de inspiración marxista- le atribuyen al capitalismo liberal la responsabilidad por nuestros males.

-- Mercantilismo. En este sistema, todas las actividades económicas requieren para realizarse la venia del Gobierno, concedida o negada como privilegio. En consecuencia, se produce riqueza, pero sólo para un grupo exclusivo: los privilegiados económicos, por eso a veces este sistema es llamado capitalismo mercantilista, opuesto al liberal. Fue practicado en Venezuela aproximadamente desde 1908, cuando Gómez se hizo con el poder, reemplazando al General Cipriano Castro, y hubo un cambio de sistema.

El mal llamado “neo” liberalismo de los ‘90, de liberalismo no tiene nada; es una reedición del mercantilismo.

-- Colectivismo estatista. El mercantilismo es un mal sistema, injusto y muy poco productivo, por el intervencionismo del Gobierno en la Economía. Sin embargo los sistemas estatistas que se erigen en su reemplazo -socialismo, comunismo, nazifascismo- son aún peores, pues el Estado pretende dirigir y controlar todo, más allá de la Economía, y por eso se llaman también dirigistas o controlistas, totalitarios y colectivistas.

En estos sistemas, todas las actividades humanas –económicas o no- requieren para realizarse la venia del Gobierno, concedida o negada como privilegio; en lo cual se parecen al mercantilismo, sólo que mucho más intervencionistas. Como resultado, se produce pobreza para todos, excepto para un grupo exclusivo: los privilegiados políticos.

Los sistemas totalitarios se inspiran en Platón y Hegel, y mucho en Lassalle, Marx y Engels, y en Lenin, Stalin, Mao y el Che Guevara; pero también en Hitler y Mussolini. Los hay de dos modalidades: socialismo y comunazifascismo.

-- Socialismo. Es la modalidad gradualista y democrática, que pretende imponerse poco a poco, y con el consentimiento de la gente, previamente adoctrinada. Prefiere el engaño a la violencia.

En Venezuela comenzó a practicarse en 1958, cuando los partidos políticos socialistas democráticos y socialcristianos tomaron el poder, reemplazando al General Pérez Jiménez. No obstante, buscando su estabilidad, las elites políticas y económicas negociaban y conciliaban
sus respectivos privilegios, en un sistema híbrido, de mercantilismo social o socialismo mercantil. Aunque la tendencia era al predominio de la política sobre la economía, y del socialismo sobre el mercantilismo. Fue la “Cuarta República”, de 1958 a 1998. La riqueza fue muy escasa porque bajo el dominio del Estado se produce poco y se reparte mal.
La pobreza abundó. Y asimismo la corrupción, acompañante inseparable del estatismo, no del capitalismo liberal. Y también el descontento. Sin embargo, la propaganda y el adoctrinamiento marxistas señalaron siempre al mismo culpable: el capitalismo, acusado de empobrecedor,
explotador, corrupto y “salvaje”.

A la gente pobre -y de clase media ignorante- se le dijo que la riqueza es el petróleo. Así el pueblo fue confundido, y creyó las fantasías de un estatismo sin corrupción, una “verdadera” democracia, y una “justicia social” que “redistribuyera” el dinero del petróleo. Y en 1998 hubo
otro cambio de sistema.

-- Comunazifascismo. Es la modalidad no tan democrática, que pretende ir más rápido al socialismo total. A este fin sigue usando el adoctrinamiento masivo -incluso más intenso-, pero no desdeña la coacción y el uso de la fuerza. En Venezuela empezamos en 1998. A 90 años de la introducción del mercantilismo, y a 40 años de los comienzos del socialismo democrático.

Hasta aquí el Diagnóstico. Vamos ahora la Propuesta de País. Pero antes:

Salir de los engaños socialistas.

1. Aprender es fácil, lo difícil es desaprender. Y es indispensable desaprender los engaños, para poder aprender la verdad objetiva. El primer engaño es que no hay verdad objetiva. Sí la hay: la verdad es la
realidad, en tanto objetivamente captada por el conocimiento humano. Pero los errores y falsedades sobre la verdad y la realidad, mucho les sirven de pretexto a los flojos para no estudiar, a los sinvergüenzas para tapar sus fechorías, y a los veletas para cambiar de bando a su conveniencia.

2. Adam Smith no es “el padre” del capitalismo liberal. El sistema de libre mercado se basa en la Escuela austriana de Economía -Mises, Hayek-, que a su vez procede de los fisiócratas franceses, y éstos a su
turno de la Escolástica hispana. Adam Smith criticó al mercantilismo, pero erró al considerar el valor como producto del trabajo exclusivamente, y descuidar el papel del capital como factor productivo. Por eso es en realidad “el padre” del marxismo. (Carlos Marx aprendió de David Ricardo, discípulo de Adam Smith.)

3. El capitalismo liberal no es anticristiano; el socialismo sí. En la Biblia se han inspirado muchos de los pensadores y escritores que en todas las épocas y países ha defendido los conceptos de Gobierno limitado
e igualdad ante la ley. Entre ellos, los de la Escolástica hispana.

4. Capital es un bien económico que sirve para producir otros bienes económicos. En todos los sistemas la riqueza se produce con capital; por eso todos son capitalistas. Pero también con trabajo, por eso son
laboristas también. La diferencia es que en el capitalismo liberal la competencia es abierta, sin privilegios para nadie. Por eso es el sistema más eficiente y justo.

A) El más eficiente, porque con libre competencia funcionan eficazmente las señales y alicientes de los mercados, y así los factores se asignan a sus empleos óptimos en la producción de bienes y servicios. Por eso se produce mucho.

B) El más justo porque la riqueza -o sea los bienes y servicios producidos- se distribuye por los mismos canales del mercado, en
tanto se producen, mediante los ingresos factoriales o compensaciones: sueldos y salarios, alquileres, intereses, utilidades y dividendos. La parte que a cada quien le toca va de acuerdo a su contribución al esfuerzo y a la tarea productiva. Por eso se reparte bien.

5. En los sistemas intervencionistas (mercantilismo y colectivismo estatista), el Estado interviene en la libre competencia, concediendo privilegios al capitalista, al trabajador y al empresario. Interfiere por tanto en las asignaciones o inversiones de factores, y en sus compensaciones. Por eso el uso del capital es ineficiente, hay muchísimo desempleo y subempleo, y la producción y los ingresos son bajos. Con intervencionismo en la asignación de los factores, hay ineficiencia: se produce poco. Y con intervencionismo en la distribución de la riqueza, hay injusticia: se reparte mal.

6. Los nacional-socialistas alemanes, fascistas mussolinianos y falangistas no son los “extremos opuestos” de los socialistas marxistas; ¡son primos ideológicos! (Y competidores en todo caso.) Fueron aliados hasta la invasión de Rusia por Hitler. Comunismo y socialismo tampoco se oponen: son hermanos gemelos. Y el “stalinismo” no es una simple desviación accidental del leninismo o del marxismo; es su realización práctica. Stalin -el todopoderoso Jefe soviético-, gozó de un poder tan omnímodo y absoluto como el de
Hitler, construido por Lenin en base a los escritos de Marx, quien no llegó ni a Concejal. Esas son todas

sus diferencias. El marxismo-leninismo ha sido hasta ahora es el principal fundamento teórico del socialismo. Pero no es el único. Cualquier doctrina enloquecida sirve para justificar el poder absoluto,
comenzando por el marxismo-gramscismo. Pero también el ecologismo por ej., el feminismo, o el indigenismo. O una interpretación aberrada del cristianismo. O del islamismo. Por eso el marxismo puede acabar, pero el socialismo sigue.

7. La democracia no es perfecta; nada humano es perfecto. Y el pueblo se equivoca muchas veces. Con democracia muchos pueblos se han arruinado, por elegir y aclamar autoridades y legisladores ignorantes,
deshonestos y/o malvados. Esos “líderes” les han conducido a la miseria y a la esclavitud, con sistemas de producción ineficientes e injustos, teorías extraviadas, leyes malas, y disposiciones inicuas.

8. Los países ricos -Europa, EEUU- no lo son por haber “explotado” a los países pobres, sino por haber practicado el capitalismo liberal, en el siglo XIX. Y sólo por eso el socialismo democrático no ha destruido aún sus economías. El imperialismo no es la “etapa superior del capitalismo” sino del estatismo: el Gobierno estatista de un país se hace imperialista cuando quiere poder y mando no sólo dentro de sus fronteras, sino también en el exterior. El sistema socioeconómico y político de EEUU es cada vez menos capitalista y liberal, y por eso sus Gobiernos son cada vez más imperialistas. El TLC no es un Tratado de Libre Comercio, ni el ALCA, tampoco el Pacto Andino o el MERCOSUR; mucho menos el ALBA. Libre Comercio es lisa y llanamente abolir los aranceles y todas las otras barreras al comercio entre países. Para eso no es necesario firmar ningún Tratado.

9. Todo este tiempo nos han engañado. Porque la ignorancia puede ser bien aprovechada, por ignorantes hábiles, que toman injusta ventaja de la ignorancia de otros.

II
Ahora sí: nuestra Propuesta de País. No queremos imponerlo a Venezuela sino proponerlo, y por eso no le llamamos “Proyecto” sino Propuesta.

Es muy simple y muy breve. Queremos un país de tres sectores:

-- Sector Estado. En seguridad, justicia y obras públicas. Y nada más, a fin de que estas funciones, las propias del Estado, puedan ser cumplidas por los Gobiernos con eficiencia y honestidad. Atribuyendo al Estado solamente las facultades y competencias necesarias para
cumplirlas, sin exceso de poder ni corrupción. Y solamente los recursos necesarios a tales fines, sin despilfarro ni gasto exagerado.

-- Sector Mercado. En la producción y la economía, que son las funciones propias de las empresas privadas: rubros agropecuarios y de minería, industria, comercio y servicios, transporte, seguros, banca, etc. Estas funciones son desempeñadas por empresas privadas, y empresas privatizadas (ex estatales). Es un sector de libre mercado; es decir: de competencia abierta, sin privilegios, para nadie.

-- Sector de Promoción Social. Ayuda estatal a través de cupones, y como excepción, en educación, atención médica, y jubilaciones y pensiones. Nada más. Este tercer sector no es mixto o híbrido; también es de libre mercado, porque las empresas de enseñanza, medicina y
previsión son privadas y privatizadas (ex estatales), y compiten sin privilegios. La única diferencia es que a los más pobres el Estado les ayuda con cupones, para que paguen de este modo por los servicios recibidos. Y los cupones les son puntualmente reembolsados en dinero a las instituciones escogidas libremente por los beneficiarios.

¿Qué se requiere para tener esto? En toda Venezuela, una Reforma Constitucional. Pero si no es posible de momento, dado el sistema socialista imperante, podemos tenerlo en el Zulia. ¿Cómo? Con el Estatuto autonómico. E igual en otros Estados de Venezuela.

Sigue:
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